No soy psicoterapeuta ni terapeuta de ninguna índole. Solo soy el canal visual del proceso y estoy para acompañar a la persona en su viaje interior para que descubra o encuentre lo que debe integrar en o de su oscuridad mientras transita el proceso del dolor físico del tattoo, porque entiendo que cuando Freud señaló que la sublimación es un mecanismo de defensa a través de la cual se canalizan impulsos, deseos o emociones inaceptables como la ira o la agresión en actividades productivas, creativas o socialmente aceptadas, lo que pretendía era explicar cómo se puede transformar o redirigir el sufrimiento en algo que calma el malestar psíquico, en este caso, en arte perenne sobre la piel, porque a diferencia de la represión (que bloquea la energía y genera síntomas), la sublimación desvía la energía pulsional (sexual o agresiva) hacia un fin cultural o artísticamente valioso sin reprimirla.
¿Por qué elegir un tatuaje ilustrativo conmigo?
Composiciones de autor que van más allá del realismo convencional, buscando incomodar la vista, generar preguntas y plasmar la metáfora de tu mundo interior.
Un proceso donde el dolor, las cicatrices emocionales o los momentos de cambio se convierten en piezas de belleza, sabiduría y madurez.
Más que una sesión de tinta, es una experiencia donde tus ideas y capítulos más profundos son escuchados y traducidos en arte constructivo.


El tatuaje ha sido el mecanismo de cicatrización psicológica de la humanidad desde las tribus antiguas. Poner el inconsciente en la piel tiene sentido porque el cuerpo es el mapa de nuestra historia y tatuarse es la forma artística de elegir cómo queremos que se cuenten nuestros capítulos más oscuros. El arte debe transformar el impulso destructivo en algo constructivo. Si el cliente quiere tatuarse algo que solo perpetúa su autodestrucción, el odio o el trauma activo (sin resolución), solo estaría alimentando al monstruo, no sanándolo. En el acto de tatuar, la aguja no solo perfora la piel, abre un espacio donde el sufrimiento deja de ser una carga reprimida para convertirse en una creación elegida. No buscamos defender al Yo del dolor, sino darle una forma visible y duradera.
La preparación del Yo: Solo se debe plasmar aquello que el cliente esté en condiciones de integrar psíquicamente. Si abordar el tema genera una angustia desbordante, el Yo nos advierte que carece de las herramientas para procesar ese conflicto en el presente. En esos casos, el tatuaje no debe ser una irrupción cruda del trauma, sino un tránsito, así que se sugiere una representación más simbólica y metafórica, permitiendo que la psique elabore la vivencia a su propio ritmo antes de grabarla en la piel. En sentido, mi apuesta ética como creador, como artista, es ofrecer un rodeo simbólico: traducir el impulso o la vivencia cruda en una metáfora visual que el Yo sí pueda tolerar y hacer propia.









