Me resisto a que el arte que creo y que me crea, sea meramente un negocio porque también es la manera de sublimar y de desentrañar emociones, de conectar con el entorno y de generar vínculos reales en una sociedad que cada vez es más digital, individual y despersonalizada.
Durante mi época pintando grafiti descubrí una paradoja: mientras un paisaje tradicional pasaba desapercibido sin cuestionar a nadie, mis personajes provocaban que la gente cruzara la calle a preguntarme por qué hacía piezas “feas” o “satánicas”. Lo que me llevó a entender que mi arte no buscaba complacer sino incomodar y despertar a quien lo observaba. Para conectar y llamar la atención sobre mi obra sin generar un rechazo inmediato, adopté los códigos del Lowbrow ya que, a través de la ironía y el eufemismo visual, puedo mostrar temas tabú o profundos bajo trazos de formas tiernas, alegres, coloridas o abstractas que dan forma a sueños, elementos fantásticos o distorsionados, que distraen al observador de sus prejuicios iniciales. En el diseño y elaboración del tatuaje, algunas personas me permiten plasmar mi estilo y realizar esa alquimia del ser en donde se utiliza el dolor físico externo como medio para hacer visible, procesar y transmutar el dolor interno que en muchas ocasiones ha sido reprimido o negado. En los Cover Up (coberturas) mi trabajo se enfoca a la interpretación simbólica para lograr una pieza alineada con la búsqueda personal del cliente y para ello acudo técnicas como realismo ilustrado (color y sombra), blackwork, new school y minimalismo.





